LA FORMACION PARA EL SACERDOCIO MINISTERIAL – CAPITULO I

LA FORMACION SACERDOTAL HOY

2. La formación de los sacerdotes en la situación actual ha sido objeto de estudio en el Sínodo de Obispos de 1990. La consulta previa, los trabajos realizados en el Sínodo, y especialmente la Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores Dabo Vobis del Papa Juan Pablo II, han aportado una rica y honda reflexión acerca de la formación sacerdotal y del ejercicio del ministerio pastoral en el contexto de la cultura contemporánea.

La experiencia eclesial de las distintas diócesis del país, trabajos del Celam y estudios especializados, constituyen a su vez, otros tantos aportes para un mejor conocimiento de la situación por la que atraviesa la vida de los sacerdotes y la formación sacerdotal hoy.

Con todo, al comienzo del presente Plan de Formación para los Seminarios de la República Argentina, es necesario explicitar algunos de los desafíos que plantea la realidad social, eclesial y propiamente sacerdotal en nuestra patria. Los responsables de la formación de los futuros pastores han de profundizar constantemente el conocimiento de la situación, que aquí apenas se describe en algunas rasgos sobresalientes, y en hacer una lúcida interpretación de la misma, a fin de dar mayor eficacia a la tarea educativa, encontrando los medios más adecuados para responder a las principales cuestiones. A tal fin serán de gran ayuda las consideraciones iniciales de la Exhortación Pastores Dabo Vobis5.

3. En los últimos años la sociedad argentina está afianzando un estilo de convivencia participativo, pluralista y democrático. Hay una conciencia más clara de la dignidad humana, de la libertad, del valor del trabajo, y de la necesidad de crecer en lazos de solidaridad.

Simultáneamente persiste, y por momentos parece ahondarse, la crisis moral, la corrupción y los cuestionamientos a distintos niveles de los dirigentes.

La creciente influencia de los medios de comunicación social pone en crisis valores culturales fundamentales: la familia, la dignidad del amor y la sexualidad, la fidelidad a la verdad, la abnegación y el sacrificio.

La familia, aún siendo un valor mayoritariamente estimado y un punto de referencia firme para los jóvenes y su educación6, presenta, sin embargo, preocupantes síntomas de deterioro. Situaciones de abandono, incomunicación y falta de modelos influyen decisivamente en la educación de los hijos. Así, los jóvenes no siempre pueden madurar su personalidad y crecer en la entrega responsable y gozosa de sí mismos a los demás. Falta de ideales, incertidumbre laboral, confusión moral y miedo al futuro, caracterizan el ánimo de muchos jóvenes. No obstante, también son muchos los jóvenes que siguen manifestando su fe en Dios y su admiración por la persona de Cristo7.

4. La Iglesia ha asumido en la Argentina el compromiso de una Nueva Evangelización. Los desafíos del secularismo y de una justicia largamente esperada se presentan como un verdadero campo de trabajo para las futuras iniciativas pastorales8.

Hay deseos de renovación en la tarea evangelizadora, en su ardor, en su método y en su expresión9. Además, la Iglesia ha confirmado su opción preferencial por los pobres10. Una más clara conciencia eclesial como misterio de comunión y misión anima a los fieles. Se busca unir los esfuerzos en una vasta red apostólica, que convoque a todos los bautizados: pastores, religiosos y laicos11. Sin embargo, la falta de una más profunda conversión personal y comunitaria, una insuficiente creatividad pastoral, algunos signos de cansancio y bastantes dificultades para lograr proyectos orgánicos, debilitan desde dentro el impulso misionero.

5. Por otra parte, la situación de los sacerdotes se presenta compleja y necesita ser profundizada.

El sacerdote de nuestro país es un hombre entregado y generoso en el servicio pastoral. Son muchos y variados los ejemplos de fidelidad sacerdotal. Por lo general, su figura se manifiesta cercana y querida por el pueblo cristiano. Simultáneamente sigue existiendo el reclamo de un mayor testimonio, de una mejor preparación de sus predicaciones y de una más honda espiritualidad12.

Crece en los sacerdotes -en particular en los mas jóvenes- la necesidad de experimentar su consagración y el ejercicio de su ministerio como una auténtica vía de realización humana, fuente de alegría y plenitud. En este sentido, es cada vez más viva la inquietud por vivir una espiritualidad propia del clero diocesano; por contar con una mejor planificación que oriente la tarea pastoral para evitar activismos dispersantes y agotadores; por crecer en la comunión fraterna y sacramental a fin de superar el aislamiento y la soledad; por sentir un acompañamiento más cercano y atento por parte del Obispo y de otros hermanos sacerdotes, no sólo en referencia al trabajo pastoral sino, sobre todo, a las necesidades personales de la vida.

No son pocos los sacerdotes que atraviesan por crisis en su vocación y misión. Para ellos, la perseverancia en el ministerio es un verdadero desafío, al tener que afrontar cansancios y desalientos, dificultades a veces graves en la actividad pastoral y, muchas veces, la pérdida del sentido de la propia consagración.

Por otra parte, iniciativas alentadoras, como grupos fraternos de espiritualidad sacerdotal, de estudio y de pastoral, señalan un camino que deberá ser recorrido y profundizado.

6. La situación que se viene describiendo repercute en forma directa en la formación de los futuros presbíteros.

Los jóvenes seminaristas llevan en sí las manifestaciones de la cultura en la cual han vivido y crecido. Es necesario estar atentos para percibir con lucidez sus problemas y necesidades, así como sus anhelos y aspiraciones.

En los Seminarios hace falta clarificar aún más los criterios pedagógicos, espirituales y pastorales a fin de lograr el objetivo deseado. Los encuentros nacionales de formadores constituyen una experiencia muy valiosa en este sentido.

Persiste aún la necesidad de acrecentar los esfuerzos orientados a la capacitación de los formadores, a su crecimiento humano, espiritual y pastoral a fin de que sean modelos vivos de sacerdotes y padres para quienes se preparan a recibir el ministerio ordenado.

El problema de la pastoral vocacional, del acompañamiento espiritual de los jóvenes y del discernimiento de su vocación constituye un desafío que toda la Iglesia, especialmente los sacerdotes, deberá asumir para renovar el deseado impulso evangelizador en nuestra patria. El Documento de Santo Domingo ha puesto en evidencia la seria preocupación de los Obispos por la cuestión de las vocaciones y de la pastoral vocacional en el contexto de la pastoral orgánica de las diócesis13.

7. La complejidad de la situación merece un serio discernimiento evangélico a la luz y bajo la fuerza del Evangelio y con el don del Espíritu Santo. De este modo, los datos proporcionados por la realidad se convierten en un «reto» que expresa de algún modo la «llamada» que Dios hace oír en una situación histórica determinada para que se vuelva a plantear con renovada fidelidad a la Iglesia la perenne verdad del sacerdocio ministerial así como los nuevos caminos de la formación sacerdotal14.

 

 

Notas

5.- Cf. PDV. cap.1.

6.- Cf. Comisión Nacional de Pastoral de Juventud, Encuesta Nacional de los Jóvenes para los Jóvenes. Informe nacional (1989). V,1.

7.- Cf. Ibid. VII,1,2.

8.- Cf. LPNE. cap.1.

9.- Cf. Ibid.34-35.

10.- Cf. Ibid.32; 55-59; Cf.S.D.180; Mensaje a los Pueblos de América Latina,31.

11.- Cf. Ibid.38-41.

12.- Cf. C.E.A., Consulta al Pueblo de Dios (1990). Int.: 25,27,29,37.

13.- Cf. SD.79-82.

14.- Cf. PDV.10.