FINALIDAD DE LA FORMACION SACERDOTAL
1. LA FORMACION DEL PASTOR
8. Toda la educación de los seminaristas tiene por finalidad la formación de verdaderos pastores a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor15. Para ello es necesario que las diversas dimensiones de la vida en el Seminario -humana, espiritual, intelectual, pastoral y comunitaria- se integren armónica y progresivamente en la formación sacerdotal. Además, «todos los elementos constitutivos de la estructura y función del Seminario deben estar pensados y calibrados con miras a su eficiencia práctica, a la consecución del fin indicado»16.
Quienes forman la comunidad educativa del Seminario -seminaristas, formadores y profesores- han de unir todos sus esfuerzos, conscientes de la finalidad fundamental de su tarea.
9. La formación sacerdotal debe fundarse sobre un sólido conocimiento de la identidad, misión y espiritualidad propias del presbítero. La Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores Dabo Vobis del Papa Juan Pablo II, ha puesto de manifiesto que «el conocimiento de la naturaleza y misión del sacerdocio ministerial es el presupuesto irrenunciable, y al mismo tiempo, la guía más segura y el estímulo más incisivo, para desarrollar en la Iglesia la acción pastoral de promoción y discernimiento de las vocaciones sacerdotales, y la de formación de los llamados al ministerio ordenado»17. En efecto, la identidad sacerdotal «está en la raíz de la naturaleza de la formación que debe darse en vistas al sacerdocio»18.
10. Este Plan de Formación no pretende desarrollar la doctrina sobre el sacerdocio ministerial presente en los documentos conciliares19, ni repetir las enseñanzas de la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis acerca de este tema20. No obstante, ya que únicamente la clara conciencia del fin hace posible la implementación de los medios necesarios y más adecuados, es imprescindible que, tanto los formadores de los Seminarios como los seminaristas, profundicen constantemente la reflexión acerca de la identidad y espiritualidad propias del presbítero, a luz del misterio de Cristo Sacerdote y Pastor y de la Iglesia misterio, comunión y misión. Tal reflexión ahondará también en los principales elementos de la espiritualidad y ministerio propios del sacerdote diocesano, sobre todo en relación a la Iglesia particular.
11. En este sentido y para poder dar una orientación definida a la tarea educativa, será oportuno que los Proyectos Formativos de cada Seminario presenten de manera sintética y fundamental la identidad y vida espiritual del sacerdote diocesano, que será la finalidad de toda la actividad formativa. Esta presentación, además de proponer los principales aspectos doctrinales del sacerdocio, habrá de tener en cuenta las características y riquezas de la propia Iglesia diocesana, las necesidades peculiares de los futuros presbíteros y también los principales desafíos pastorales, locales y regionales.
12. Con el propósito de iluminar esta tarea se proponen a continuación algunos rasgos y características que han de identificar al sacerdote que se ha de formar en la Argentina para la presente hora evangelizadora.
2. PRESBITEROS PARA UNA NUEVA EVANGELIZACION EN ARGENTINA
13. La Iglesia en América Latina ha respondido a la convocatoria del Santo Padre a poner en marcha una Nueva Evangelización. Ella es consciente de estar ante una «prueba histórica»21. La última Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo ha actualizado las orientaciones pastorales para cumplir esta empresa misionera.
14. En nuestro país, la Iglesia ha elaborado las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización. Para responder a los desafíos del secularismo y de una justicia largamente esperada22, éstas proponen como núcleo del contenido evangelizador la predicación de una fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que sane, afiance y promueva la dignidad del hombre23.
Estos desafíos y este núcleo inspirador de la Nueva Evangelización han de ser como el marco de referencia dentro del cual se ha de plantear la acción pastoral de los presbíteros en los próximos años.
En este documento pastoral se señala también el espíritu que ha de animar el compromiso de la Nueva Evangelización, así como los criterios para concretarlo24. Por eso, es necesario que la formación de los futuros presbíteros tenga en cuenta seriamente estas orientaciones pastorales, en estrecha comunión con las de los Documentos de Puebla y Santo Domingo, a la hora de proponer una identidad y espiritualidad sacerdotal concreta.
En este contexto, se indican a continuación, algunos de los valores que la formación al sacerdocio ministerial ha de comunicar a lo largo de la vida del Seminario.
15. En una sociedad secularizada, que muchas veces «desconoce la importncia que la fe y la religión tienen para la existencia cotidiana»25 y vacía de su pleno sentido a la vida humana, los futuros pastores deberán vivir una honda y personal experiencia de Dios; de esta manera, a la vez que se presenten cercanos y comprometidos con la vida de los hombres, podrán vivir entre ellos como hombres de Dios y testigos de una fe que sea fuente auténtica de realización humana.
16. Los futuros sacerdotes han de estar animados por un renovado ardor misionero, con un espíritu abierto al diálogo, al respeto y al afianzamiento de la unidad eclesial, con capacidad para anunciar la verdad de tal modo que suscite una respuesta libre de fe26.
Como la Nueva Evangelización implica «el esfuerzo por inculturar el Evangelio en la situación actual de las culturas»27, los futuros presbíteros deberán poseer una viva disposición de encuentro y diálogo con el mundo de los hombres y su cultura, atentos a sus preocupaciones y esperanzas, y cultivarán el hábito de la reflexión y la búsqueda de la verdad, que les permita entablar con lucidez el diálogo entre la fe y la cultura.
17. De manera particular, el presbítero en la Argentina se encuentra ante el desafío inmenso de un pueblo que clama por «una urgente justicia demasiado largamente esperada»28. Por lo tanto, su predicación del misterio de Cristo y la vida nueva según el Espíritu, ha de estar estrechamente unida a la promoción de la dignidad humana. Ambas tareas «han de ser testimoniadas y proclamadas como pertenecientes a la misma y única misión evangelizadora»29, de tal modo que ésta sane al hombre, defienda la dignidad de la persona y promueva la ética de la solidaridad en las relaciones sociales.
18. Como la Nueva Evangelización es una convocatoria dirigida a todos los bautizados, los futuros presbíteros han de promover la participación de los fieles de tal modo que el anuncio explícito de la Buena Noticia llegue a todos los sectores del cuerpo eclesial y de la sociedad. En tal sentido, la formación sacerdotal debe educar pastores que sepan trabajar en comunión con todos los fieles y «que confíen más en los laicos, los ayuden a capacitarse y estimulen su misión»30.
19. Para vivir este nuevo estilo evangelizador, los candidatos deberán adquirir un hondo sentido eclesial que los lleve a participar activamente en la pastoral orgánica, superando toda forma de individualismo pastoral. A tal fin, será importante valorizar la peculiar inserción que está llamado a vivir el sacerdote diocesano en la Iglesia particular, en su presbiterio y en su pastoral.
20. El futuro presbítero tendrá que ser iniciado progresivamente en aquella forma de la caridad pastoral que es el amor preferencial por los pobres, débiles y sufrientes31. El servicio a los pobres será la manera privilegiada aunque no excluyente de su seguimiento de Cristo32. Y ya que «es misión específica de la Iglesia atenderlos espiritualmente»33, el sacerdote ha de valorar y asumir la piedad popular, anunciando a Cristo y reconociendo la presencia viva de María en la religiosidad católica. Así podrá acrecentar en los fieles la conciencia de su pertenencia cordial a la Iglesia, alimentando su fe como potencial de dignificación34.
21. Finalmente, ante la prolongada crisis social que afronta el pueblo argentino, con su carga de frustración y sufrimiento, es necesario enfatizar cuanto se dice más adelante sobre la necesaria formación de los futuros presbíteros en una auténtica espiritualidad de la abnegación, de la cruz y de la esperanza, a fin de que crezcan como hombres de Dios y solidarios de sus hermanos, capaces de ayudarlos a «liberar el dolor por el dolor, esto es, asumiendo la cruz y convirtiéndola en fuente de vida»35.
Notas
15.- Cf. OT.
16.- OECS.
17.- PDV.11.
18.- Id.
19.- Cf. Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium,cap.III; Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros Presbyterorum Ordinis,caps.I y II. Además, cf. Pablo VI, Sacerdotalis Coelibatus,17-34; Congregación para la Educación Católica, Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis,Int.3 y 4; Sínodo de los Obispos, II Asam. Gen. Ord.,1971, Sobre el sacerdocio ministerial,I parte.
20.- Ver especialmente los caps. II y III.
21.- Juan Pablo II, Homilía durante la Misa por la evangelización de los pueblos. Santo Domingo (11-10-1984).
22.- Cf. LPNE. cap.1.
23.- Cf. Ibid. cap.2.
24.- Cf. Ibid. cap.3 y 4.
25.- Ibid.12.
26.- Cf. Ibid.34-36.
27.- S.D.24.
28.- LPNE.13.
29.- Ibid.22.
30.- Ibid.43.
31.- Cf. Ibid.32; 55-59.
32.- Cf. DP.1145; SD.296.
33.- LPNE.32.
34.- Cf. Ibid.20 y 30.
35.- Cf. DP.278.