EL SEMINARIO MENOR Y LOS CENTROS ESPECIALES
1. NATURALEZA Y FINALIDAD DEL SEMINARIO MENOR
44. En el contexto de la pastoral vocacional diocesana se halla la institución del Seminario menor, mediante el cual, la Iglesia toma bajo su especial cuidado a los adolescentes que manifiestan signos germinales de vocación al sacerdocio. La finalidad de estos Seminarios es «custodiar y desarrollar los brotes de vocación sacerdotal, para que los alumnos la puedan reconocer más fácilmente y se hagan más capaces de corresponder a ella. Su propuesta educativa tiende a favorecer oportuna y gradualmente aquella formación humana, cultural y espiritual que llevará al joven a iniciar el camino en el Seminario mayor con una base sólida y adecuada»56.
Por tanto, «se han de conservar, donde existen, y se han de fomentar los seminarios menores y otras instituciones semejantes, en los cuales, con el fin de promover vocaciones, se dé una peculiar formación religiosa, junto con la educación humanística y científica; e incluso, donde lo considere oportuno el Obispo diocesano, ha de proveer a la erección de un Seminario menor o de una institución semejante»57.
45. Es necesario que se dé al Seminario menor la debida importancia en la vida de la diócesis a la que debe estar prudentemente abierto y en la que debe insertarse vital y orgánicamente de manera que, mediante una entusiasta colaboración de fieles y clero, contribuya eficazmente «para que los jóvenes crezcan en su vivencia cristiana y puedan hacer una más madura opción vocacional»58.
2. EL PROYECTO EDUCATIVO Y LA TAREA DE LA FORMACION
46. A fin de cumplir más eficazmente con la tarea formativa es muy conveniente que cada Seminario menor tenga un Proyecto Educativo en el que se expliciten los principales objetivos y medios que, en cada una de las dimensiones de la formación, orienten gradualmente el crecimiento de los seminaristas conforme a la finalidad propia de esta institución.
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El diagnóstico
47. Como «los jóvenes llamados no pueden substraerse a los cambios familiares, culturales, económicos y sociales del momento»59, se hace necesario el conocimiento preciso de sus condiciones de vida. El Proyecto Educativo ha de elaborarse haciendo un previo diagnóstico de la situación en que viven los jóvenes a fin de lograr un conocimiento suficiente de la realidad personal de cada alumno60.
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Dimensiones y etapas de la formación
48. Guiados por la finalidad propia del Seminario menor y teniendo en cuenta el diagnóstico de la realidad social y personal de los alumnos, se han de explicitar los principales objetivos.
Las áreas sobre las cuales se deberá organizar la formación en el Seminario menor son: la formación humana y cultural, y la formación cristiana y vocacional. Estas dimensiones han de integrarse de tal modo que el joven, lejos de vivirlas como disociadas, a la vez que madura como hombre, crezca en la vida de la gracia, en el conocimiento de la Palabra de Dios y en las virtudes. De esta manera la formación cristiana será vivida como un potencial humanizador.
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La formación humana y cultural
Objetivo
49. Favorecer la maduración integral del joven y su crecimiento en las virtudes humanas: humildad, respeto, amabilidad, honestidad, castidad, veracidad, sentido de justicia y urbanidad, educando así para el servicio y la convivencia.
La maduración integral de los seminaristas incluye su formación intelectual y cultural que contribuye significativamente con el desarrollo de la personalidad del adolescente al abrirlo al conocimiento y al estudio de la realidad.
Medios
50. La vida en comunidad con todas sus exigencias y gratificaciones, es el medio habitual y ordinario para la maduración de los jóvenes. Para favorecer las relaciones interpersonales, es muy conveniente que los seminaristas estén distribuidos en pequeñas comunidades o grupos bajo la responsabilidad de un sacerdote formador. Cada seminarista según su edad y desarrollo ha de procurar una abierta y sincera integración en el propio grupo y en la comunidad del Seminario para cooperar con espíritu fraterno en la edificación de una verdadera comunión.
A fin de procurar el bien de la comunidad y la orientación pedagógica de los alumnos, todo Seminario menor tendrá un reglamento. Su aplicación y cumplimiento ha de ayudar a los jóvenes a crecer en la libertad responsable y en el compromiso cristiano para responder a Dios que llama.
51. El estudio sistemático posibilitará a los seminaristas adquirir una visión coherente y cristiana del mundo, la vida, la historia, el hombre y Dios. «Todas las disciplinas deberán cultivarse con el debido respeto al método particular de cada una. Ellas permiten aprender técnicas, conocimientos, métodos intelectuales, actitudes morales y sociales que capacitan al alumno para desarrollar su propia personalidad. Presentan, no sólo un saber que adquirir, sino también valores que asimilar y en particular verdades que descubrir»61.
Los alumnos cursarán los estudios de acuerdo al nivel oficial de enseñanza, de manera que tengan la posibilidad de acceder a estudios superiores o universidades. Además «han de adquirir el conocimiento de la lengua latina, que les capacite para entender y utilizar las fuentes de no pocas ciencias y los documentos de la Iglesia»62.
Aquellos Seminarios que por diversas circunstancias no tengan estudios propios, enviarán a los alumnos a otros centros, procurando que ellos respondan al espíritu de los documentos emanados de la Congregación para la educación católica.
52. La educación física y la práctica de deportes, a la vez que cooperan a un sano y armónico desarrollo físico del adolescente, ayudan a cultivar la propia personalidad, y educan a una competencia leal.
53. El trabajo manual será un medio particularmente eficaz para la maduración del joven y para el fomento de su responsabilidad en la comunidad del Seminario.
54. La familia de los seminaristas desempeñan un papel privilegiado para una sana evolución psíquica y afectiva. Por eso se favorecerá el contacto de los jóvenes con sus familias; a su vez, el Seminario les brindará ayuda espiritual.
Etapas
55. La formación en el Seminario menor incluye diversas etapas. En primero y segundo año los seminaristas tendrán una formación que busque la adaptación a la vida del Seminario y a la formación de hábitos y virtudes. Se insistirá en el respeto a la persona del hermano y sus pertenencias, la organización de la vida comunitaria y el cuidado de los bienes, horarios, limpieza, etc. Se educará en las actitudes de veracidad y obediencia. Para tercer año, el centro de la propuesta formativa ha de ser la salida de sí mismo en búsqueda de la amistad. El trabajo físico y el deporte serán caminos para canalizar esta salida de sí.
Cuarto y quinto año, brindarán a los jóvenes el espacio para crecer en el sentido social, en el servicio y en la libertad responsable. Las virtudes ejes serán la generosidad, la entrega y la servicialidad.
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La formación cristiana y vocacional
Objetivo
56. La formación cristiana intenta brindar al joven un conocimiento y amor personal a Cristo y un espíritu de pertenencia y amor a la Iglesia, a la vez de promover el desarrollo progresivo e integral de las virtudes cristianas y cultivar los brotes de vocación sacerdotal que se encuentren en los seminaristas.
Medios
57. Elemento principal y necesario para la asimilación espiritual a Cristo es la vida litúrgica, en la que han de participar los seminaristas con una conciencia más plena a medida que avanzan en edad. Se procurará que la celebración eucarística, sea ya desde esta etapa el centro de su vida. Convendrá asumir las nuevas formas celebrativas de la fe, propias de la cultura de los jóvenes, y fomentar la creatividad y la pedagogía de los signos, respetando siempre los elementos esenciales de la liturgia63. Han de favorecerse además las diversas formas de culto eucarístico: visitas al santísimo, adoración, vigilias de oración, etc.
Se enseñará a los seminaristas a valorar el sacramento de la Reconciliación por el que obtienen la misericordia de Dios, el perdón de los pecados y la reconciliación con la comunidad. Para ello es muy conveniente su celebración comunitaria en forma periódica.
58. Se fomentará el aprecio profundo a la Palabra de Dios, brindando a los seminaristas los elementos necesarios para su lectura y meditación, individual y comunitaria. Además, los jóvenes han de ser iniciados gradualmente en la vida de oración como respuesta creyente a esta Palabra escuchada.
59. Una prudente dirección de las conciencias tenderá a formar en los jóvenes una vida afectiva estable; asimismo se los educará en todo lo referente a la sexualidad y a la virtud de la castidad, integrada en el desarrollo armónico de su personalidad y como preparación para la opción por el celibato64.
La vida espiritual de los seminaristas requiere tiempos de mayor profundización como pueden ser los retiros espirituales y las convivencias para la revisión de vida, etc.
Se cuidará que la formación espiritual no consista solamente en la práctica de actos litúrgicos o de piedad sino que también la vivencia del Evangelio marque los rumbos de la vida diaria.
60. El Seminario menor ha de ser una escuela de amor filial y profundo a la Santisima Virgen María. Se apreciará especialmente la devoción del rosario y el rezo del angelus. Es de particular importancia para la formación de los jóvenes, la presentación de modelos de vida. Los santos son ejemplos y estímulos, pues sus vidas son una concreta expresión del Evangelio. Cada Seminario celebrará sus santos patronos y ha de destacarse especialmente la vida de religiosos y clérigos que tuvieron un papel ejemplar en la vida social y eclesial de nuestra cultura; por ejemplo, San Francisco Solano, el cura Brochero y otros.
61. Será necesario formar a los jóvenes en el espíritu apostólico mediante la realización de actividades pastorales adecuadas a su edad y la participación en misiones, con el acompañamiento de los sacerdotes formadores y párrocos o capellanes del lugar.
Etapas
62. Los contenidos de la formación cristiana se irán proponiendo gradualmente conforme a las etapas que figuran en la programación de la catequesis para los colegios secundarios dispuesta por el Episcopado Argentino65.
Primer año: Historia de la salvación. Conocer a Dios Padre en la creación, en el Plan de redención y en los dones y vocación que dio al hombre. Descubrir a Jesucristo en la historia de la salvación. Encontrar ayuda en la nueva apertura a la Palabra de Dios para participar en la vida de la Iglesia.
Segundo año: Vida sacramental. Conocer más a Jesucristo como Redentor y dador de la gracia y confiar en su Palabra. Descubrir y vivir la gracia del Espíritu Santo como la permanente acción salvadora de Dios en la propia vida.
Tercer año: La Persona de Jesús y su propuesta de vida. Ahondar la propia condición de discípulo de Jesús. La respuesta a Jesucristo lleva a adoptar la moral evangélica. Descubrir y valorar la fuerza viva de la Palabra de Dios a lo largo de la historia y del Magisterio de la Iglesia.
Cuarto año: La Iglesia y las opciones vocacionales. Descubrir la propia vocación y misión en la historia de la salvación. Identificarse más hondamente con Jesucristo por medio del Espíritu. Profundizar el conocimiento de la Iglesia como sacramento universal de salvación y como Pueblo de Dios.
Quinto año: Afianzamiento de la fe y compromiso del cristiano como respuesta dócil a la acción del Espíritu. Ejercitar la capacidad de buscar la verdad y fundar las propias convicciones cristianas. Valorar y discernir los signos de los tiempos a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia. Afianzar la propia visión histórica y actual de la misión de la Iglesia y participar en ella para construir la «civilización del amor».
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3. LA COMUNIDAD EDUCATIVA
63. Los jóvenes seminaristas, junto con los superiores, profesores y personal que trabaja en el Seminario, están llamados a formar una verdadera comunidad, de modo tal que, con la participación de sus familias, actúen con unidad y coherencia en la tarea educativa.
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Los seminaristas
64. La selección de los candidatos al Seminario menor ha de realizarse con suma prudencia. Téngase en cuenta principalmente su ambiente familiar y sus cualidades naturales (sinceridad, justicia, urbanidad, lealtad, etc.) percibidas de acuerdo a su edad; pues la vocación al sacerdocio, siendo un don sobrenatural y gratuito, se apoya necesariamente en esas cualidades. Entre los requisitos que los superiores responsables de la admisión deben verificar, se encuentra la voluntad inicial de incorporarse sin reservas a los objetivos del Seminario y cooperar en su propio trabajo vocacional. Normalmente, los candidatos han de estar integrados en la vida parroquial y deberán ser presentados por algún sacerdote. En la medida de lo posible es conveniente que, previo a su ingreso, participen de alguna actividad del Seminario y se establezcan entrevistas con los superiores.
65. Durante el transcurso de los estudios se hará una seria evaluación de cada alumno. A fin de disponer de indudables elementos sobre su idoneidad, han de examinarse cuidadosamente: el sentido religioso, las cualidades físicas, psíquicas y morales, la estructura personal adecuada a su edad, la adaptabilidad social, la conveniente capacidad intelectual y el espíritu apostólico.
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El equipo de Superiores
66. Se ha de procurar que los sacerdotes elegidos estén revestidos de las siguientes cualidades:
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como presbíteros y pastores: vida interior y profunda experiencia de Dios, comunión sincera y filial con el Obispo, alegría y generosidad en su sacerdocio, abnegación y espíritu de sacrificio y suficiente experiencia pastoral;
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como pedagogos: madurez afectiva, sólida formación doctrinal, adecuado conocimiento de la psicología juvenil, deseos de constante actualización y conciencia de que se enseña más con el testimonio que con la palabra;
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como integrantes del equipo formador: aptitud para el trabajo en equipo con los demás formadores y sabiduría para compartir experiencias y unificar criterios.
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El Rector
67. El rector es la primera autoridad y sobre él recae la principal responsabilidad en la dirección del Seminario. Su misión consiste en mantener una constante relación con el Obispo informándole sobre la marcha del Seminario y de los seminaristas así como de los planes de formación; coordinar y dirigir la acción de la comunidad educativa fomentando una estrecha cooperación entre sus responsables; dialogar periódicamente con cada alumno en particular, sabiendo que éste es uno de sus principales actos de servicio y procurando ser para todos como un padre de familia.
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El Director espiritual
68. El director espiritual ayudará a los seminaristas a crecer en su amistad con Cristo y en su configuración espiritual, de forma que desarrollen armónicamente sus cualidades morales, intelectuales y afectivas. Ha de cumplir su tarea integrado en el equipo de formadores del Seminario y convivir cuanto pueda con los alumnos.
A fin de respetar la libertad de conciencia de los seminaristas el Obispo deberá designar confesores suficientes que administren con frecuencia el sacramento de la Reconciliación.
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Los Responsables de comunidad
69. Los sacerdotes responsables de comunidad, como colaboradores del rector, han de crear un clima de familia en sus respectivos grupos manteniendo el trato frecuente con los seminaristas y participando con ellos en los actos que importan para la vida de los mismos.
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El cuerpo de profesores
70. En los Seminarios menores con estudios secundarios propios se dispondrá del suficiente número de profesores. Deberán ser competentes en su materia y poseer los títulos correspondientes. Asimismo, han de estar impregnados de solicitud por la pastoral vocacional, siendo capaces de integrarse activamente en el trabajo del Seminario, y con sus vidas intentarán dar a los alumnos un verdadero testimonio cristiano.
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Las familias
71. Todos los formadores han de reconocer la importancia que poseen las familias en la educación integral de los adolescentes que están en la etapa del Seminario menor. «La familia, comunidad de fe, de vida, de amor, es el lugar normal de crecimiento humano, cristiano y vocacional de los hijos. La eficacia educativa de la familia depende de que sea comunidad creyente y evangelizadora, comunidad de diálogo con Dios y al servicio de la Iglesia y del hombre»66. La ausencia de este respaldo familiar en los candidatos no ha de ser condición excluyente para su aceptación, pero exigirá redoblar esfuerzos e imaginación para ayudar a asumir la propia realidad.
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Las parroquias
72. La participación en la vida parroquial ha de enriquecer al seminarista menor con la experiencia de una comunidad eclesial más vasta y con el entusiasmo apostólico de ser testigo de Cristo ante los hombres.
4. CENTROS ESPECIALES67
73. La acción del Espíritu ha suscitado y multiplicado en numerosas diócesis de nuestra patria vocaciones de jóvenes que, provenientes de diversos medios (rurales, obreros, etc.), no han tenido oportunidad de comenzar o terminar los estudios medios requeridos para iniciar los estudios propiamente eclesiásticos. Tales vocaciones, presupuesto un prudente discernimiento, plantean un problema particular que no puede ser dejado de lado.
74. Por tanto, donde se juzgue conveniente o necesario, se erijirán y fomentarán por el Obispo u Obispos interesados, Casas o Centros especiales diocesanos, interdiocesanos y/o regionales para la formación de estos candidatos.
Conviene que estas Centros especiales tengan un Plan de formación seriamente elaborado para que, teniendo en cuenta la educación anterior de cada joven, los seminaristas reciban con método y didáctica adecuados, la formación espiritual, intelectual y pastoral que parezca necesaria para comenzar los estudios eclesiásticos68.
Notas
56.- PDV.63. Es oportuno citar aquí una Nota de la Congregación para la Educación Católica, del 7-6-1976, donde se indica: «El seminario menor no está creado para cultivar las vocaciones ciertas -la edad de los alumnos no lo admite- sino para estudiar los signos de una vocación posible… El seminario menor admite a niños que aceptan formalmente -ellos y su familia- la hipótesis de una vocación». –
57.- CDC, c.234 §1.
58.- SD.81.
59.- Ibid.79.
60.- Para ello téngase en cuenta lo señalado en el n.25 (nota 41) de este Plan.
61.- EC.39.
62.- OT.13. Cf. NBFS.66.
63.- Cf. SD.117.
64.- A tal fin se tendrán especialmente en cuenta las enseñanzas de OEAH y OECS.
65.- Cf. C.E.A., Programación de la catequesis para los colegios católicos primarios y secundarios (1982), pag.67-110.
66.- PV.39.
67.- Cf. Ibid.64; CDC, c.234 §1.
68.- Cf. NBFS.19.