LA FORMACION PARA EL SACERDOCIO MINISTERIAL – CAPITULO VI

FORMACION PERMANENTE

291. «La formación permanente de los sacerdotes es la continuación natural y absolutamente necesaria de aquel proceso de estructuración de la personalidad iniciado y desarrollado en el Seminario»281.

«Es de mucha importancia darse cuenta y respetar la intrínseca relación que hay entre la formación que precede a la Ordenación y la que le sigue«282. Por eso «desde el Seminario mayor es preciso preparar la futura formación permanente, y fomentar el ánimo y el deseo de los futuros presbíteros en relación con ella, demostrando su necesidad, ventajas y espíritu, y asegurando las condiciones de su realización»283.

292. El Sínodo sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual ha puesto de manifiesto de manera renovada y vigorosa que esta formación se percibe como urgente y, al mismo tiempo amplia; es decir, capaz de responder a los desafíos que se presentan no sólo en el plano teológico y pastoral, sino también en el orden humano, en la vida espiritual y en la acción pastoral.

293. El contexto general de importantes cambios culturales que afectan a la vida sacerdotal y su identidad, las numerosas exigencias y tensiones provocadas por una actividad pastoral intensa y múltiple, el creciente anhelo por superar el aislamiento pastoral compartiendo como presbiterio una pastoral orgánica, y la necesidad de una afianzamiento en la madurez humana y ministerial de los sacerdotes para superar ciertas dificultades, son signos que revelan la urgencia de conceder a esta formación permanente una importancia al menos semejante a la atribuida a la formación inicial para el sacerdocio.

294. Por eso la finalidad de la formación permanente «no puede ser una mera actitud, que podría decirse, «profesional», conseguida mediante el aprendizaje de algunas técnicas pastorales nuevas. Debe ser más bien el mantener vivo un proceso general e integral de continua maduración, mediante la profundización, tanto de los diversos aspectos de la formación -humana, espiritual, intelectual y pastoral-, como de su específica orientación vital e íntima, a partir de la caridad pastoral y en relación con ella»284.

295. El presente Plan de formación ha propuesto las normas y los criterios pedagógicos que deben animar la tarea de la formación inicial. Quienes asuman, a nivel nacional, regional y diocesano, la tarea de la formación permanente podrán encontrar en la Exhortación Pastores Dabo Vobis285 razones fundadas y orientaciones precisas para iluminar dicha tarea. Las recientes iniciativas tomadas en nuestra patria a nivel nacional y también de Iglesias diocesanas, constituyen una esperanza cierta y un camino válido que será necesario seguir transitando con perseverancia y espíritu de comunión.

Los planes que se elaboren y las actividades que se propongan a fin de lograr mayor organicidad y vitalidad en la formación de los sacerdotes deberán tener, al menos, estas características: que admitan con realismo las actuales necesidades y requerimientos de la vida sacerdotal; que estimulen un clima de diálogo y cooperación en la familia presbiteral; que afiancen el auténtico deseo de fraternidad que se percibe en el clero de nuestra patria; que brinden ayudas eficaces para alimentar una espiritualidad propia del clero diocesano; que se viva esta formación permanente con un estilo propio de cuidado y acompañamiento personal por parte del Obispo y sus colaboradores.

 

Notas

281.- PDV.71. 

282.- Id. 

283.- Id. 

284.- Id. 

285.- Cf. cap.VI.