LA FORMACION PARA EL SACERDOCIO MINISTERIAL – CONCLUSION

CONCLUSION

296. La formación al sacerdocio ministerial constituye una de las principales preocupaciones de toda la Iglesia y en especial de sus pastores.

Como padres y maestros, los Obispos queremos ser los primeros formadores de los futuros presbíteros. Deseamos estar muy cerca de nuestros seminaristas. Sabemos que ellos esperan la presencia eclesial del apóstol y también la proximidad cordial del padre. Este Plan expresa nuestra preocupación por brindarles una formación acorde con los desafíos actuales y con la misión evangelizadora que habrán de cumplir. No obstante somos conscientes que la formación exige no sólo sanas orientaciones sino sobre todo la presencia, la palabra y los gestos paternales del Obispo. Queremos asumir el gozo y la responsabilidad de cumplir con esta tarea.

Deseamos también alentar el trabajo de los sacerdotes formadores de nuestros Seminarios. Ellos son nuestros primeros colaboradores en la formación sacerdotal. Expresamos nuestra gratitud y admiración por el empeño demostrado en el cumplimiento de esta labor. Reconocemos el espíritu de comunión eclesial que los anima tanto en relación con nosotros como con los demás presbíteros, religiosos y laicos. Los confirmamos en este camino. A la vez, queremos exhortarlos a renovar su amor sacerdotal por los jóvenes seminaristas. Ellos son las ovejas que el buen Pastor desea apacentar por su intermedio; son también los futuros hermanos en el mismo sacerdocio de Cristo. Rogamos a Dios para que conceda a los superiores prudencia, paciencia, amor y alegría en el ministerio que la Iglesia les ha confiado.

Nos dirigimos también a toda la comunidad eclesial: sacerdotes, religiosos y laicos. Todos somos responsables del fomento de las vocaciones, particularmente al ministerio presbiteral y también, de la formación de los futuros sacerdotes, si bien cada uno según su propio don. La Iglesia necesita pastores que animen la Nueva Evangelización. Es necesario aunar los esfuerzos que tiendan a acrecentar en número y calidad las vocaciones sacerdotales.

Confiamos a la Santísima Virgen María la tarea de la formación sacerdotal. Ella, que engendró al Salvador, con su intercesión y por la gracia del Espíritu Santo dará a luz en el corazón de los seminaristas a Jesús buen Pastor, para gloria de Dios Padre, crecimiento del Reino y servicio a los hombres de nuestra patria.